JUEGOS DE UNA INFANCIA URBANA

CARLOS ESPEJEL

Hasta hace algunas décadas los niños de las ciudades de nuestro país tenían una lengua franca que era el idioma de los juguetes. Así, por las calles se escuchaban frases como "chiras pelas" o "císcalo, císcalo, diablo panzón", palabras mágicas que nos devuelven a una época en la que el año no se medía en meses, sino en juegos y en la que la voluntad clasificatoria de la ciencia tan sólo se preocupaba por ponerle un nombre a las canicas. Como una máquina del tiempo, estas páginas nos llevan a ese pasado mítico amenazando ya por el olvido.